Diálogo con fieles protestantes

Diálogo con fieles protestantes

Si los católicos creen que Cristo está en la Eucaristía…

Mis amigos protestantes no me entienden, querido lector…

Dicen que me convertí gracias a ellos (lo que es cierto); dicen que mi corazón se prendió en llamas en cuanto profundicé en las raíces del catolicismo; dicen que no comprenden mi actitud. Yo les intento explicar una y otra vez la certeza que colma mi entendimiento cuando veo consagrar, durante la misa católica, una Forma.

Entonces sé que esa Forma es Cristo, el que andaba por Galilea hace 2.000 años, a quien los cristianos consideramos todo un Dios.

Él vive, existe, respira, anda, tal y como lo hacía entonces, y sé que nos mira desde el altar. La única diferencia entre aquel y este es que ahora vive dentro del inconmensurable misterio que supone su existencia verdadera dentro de un pequeño trozo de pan consagrado.

Sobra decir que mi afirmación les parece una absoluta quimera.

“¡Por favor, María!”, me dicen entre carcajadas.

“No es posible que una mujer como tú diga semejantes disparates…

¿No te avergüenza afirmar tal barbaridad?

¡Eres incapaz de captar soberana majadería! ¿Cristo vivo en un trozo de pan? ¡Anda ya! ¡En el siglo XXI no cabe afirmar tal sandez!”.

Yo me muerdo la lengua y no contesto lo que vibra en su punta: “Pues pensad que vuestro rey Enrique viii se cargó la fe cató­ lica en Inglaterra… ¡por el amor de una mujer, a la que, por cierto, cortó luego la cabeza en cuanto se aburrió de ella!”. No lo hago, pero ganas no me faltan, querido lector… (*)

Sin embargo, hay algo en sus teorías anglicanas que me tumba, me hiere y me deja indefensa… Sucede cuando insisten en saber si realmente los católicos creemos que Cristo está vivo en una Sagrada Forma y yo contesto con un enésimo: “Por supuesto”.

Entonces me miran de reojo y menean la cabeza de un lado a otro con expresión lastimosa. “Pobre mujer…”, susurran.

“¿Pero por qué os cuesta tanto creer en la gran base de mi fe católica? ¿Por qué os resulta tan extraño que creamos en la transubstanciación?”, pregunto.

Y llega así la respuesta que me deja perpleja y abatida: “Porque si de verdad los católicos creyerais tal afirmación, ¿acaso no viviríais en adoración permanente a los pies de vuestros sagrarios?

¡No lo hacéis! Vuestras iglesias están vacías y no en todas hay adoración eucarística. Los católicos sois unos pobres locos”.

Yo miro al suelo con tristeza… Y pienso que los católicos no estamos locos. Simplemente nos falta mucha, mucha, mucha fe. Que Dios nos perdone tanto desprecio a su santa presencia.

Escrito en la Revista Misión, por María Vallejo-Nágera.

Fuente: Aleteia

 

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