Francisco, en la audiencia del sábado, primera tras la publicación de la Amoris Laetitia.

Francisco, en la audiencia del sábado, primera tras la publicación de la Amoris Laetitia.

«Sería extraño que Francisco hubiese propuesto un cambio tan importante en una nota al pie»

La exhortación apostólica postsinodal Amoris Laetitia, firmada por Francisco el 19 de marzo y dada a conocer el pasado viernes, no solamente no ha cambiado la doctrina evangélica que impide el acceso a la comunión de las personas divorciadas que viven en adulterio objetivo tras haberse vuelto a casar civilmente, sino tampoco la disciplina eclesiástica en ese sentido. Así lo aclara el sacerdote español José Granados en una entrevista concedida a Riccardo Cascioli para La Nuova Bussola Quotidiana.

Granados es profesor ordinario de Teología del matrimonio y la familia en la Universidad Lateranense y vicepresidente del Pontificio Instituto Juan Pablo II para Estudios sobre la Familia y el Matrimonio, y fue nombrado por Francisco en 2015 consultor de la secretaría general del Sínodo de los Obispos. Tienen autoridad, pues, sus palabras cuando afirma que “en lo que respecta a la admisión a la Eucaristía de los divorciados vueltos a casar no hay novedades respecto al pasado“.


José Granados es uno de los principales asesores de la Santa Sede en las cuestiones de matrimonio y familia.

Descartada la “línea Kasper”
“La lectura del capítulo octavo, donde se habla de este tema, lleva a la conclusión de que no ha habido cambio respecto a Familiaris Consortio (n. 84) y Sacramentum Caritatis (n. 29)”, explica: “De hecho, si el Papa quisiese introducir un cambio en una disciplina tan importante, con raíces doctrinales en el Evangelio mismo, sería necesaria una clara afirmación suya. Pero en ninguna parte del documento encontramos escrito que los divorciados que viven en una nueva unión civil puedan, al menos en algunos casos, ser admitidos a la Eucaristía sin observar la posibilidad abierta por Familiaris Consortio (n.84) de vivir en continencia“.

Y añade que “con su impulso pastoral y misericordioso el Papa ha querido pues insistir sobre el hecho de que no debemos juzgar a estos hermanos y hermanas porque no conocemos sus condicionamientos ni el grado de conocimiento y responsabilidad de las personas; al contrario, debemos caminar junto con ellos para integrarles plenamente en la Iglesia”.

“Además”, continúa Granados, “el texto cita (en el n. 302), aprobándolo, un documento del Consejo Pontificio para los Textos Legislativos donde se explica muy bien la cuestión. Si la Iglesia no admite a estas personas [a la comunión] no es por su culpabilidad subjetiva, sino porque su estado objetivo de vida está en contradicción con el sacramento del matrimonio y de la Eucaristía. El problema no es la culpabilidad subjetiva de las personas implicadas, sino el bien común de la Iglesia, la confesión eclesial de fe en Jesús ante el mundo (que tiene lugar precisamente en la práctica sacramental) y el mantener clara la meta última a la que conduce el camino pastoral de la misericordia: vivir la vida plena del Evangelio”.

Por consiguiente, la “línea Kasper”, en ese punto, ha quedado descartada: “No hay ninguna afirmación clara del Papa que indique un cambio de la disciplina, la cual por tanto sigue en vigor como una luz para guiar la pastoral misericordiosa de la Iglesia con estas personas”.


Los cardenales Lorenzo Baldisseri (izquierda), secretario general del sínodo de los obispos, y Christoph Schönborn (derecha), arzobispo de Viena, durante la rueda de prensa de presentación de la exhortación.

La cuestión no es la culpabilidad subjetiva
Aunque Amoris Laetitia incorpora también reflexiones en torno al valor de la conciencia subjetiva en la apreciación de la moralidad de los actos, Granados descarta que afecten a esta cuestión. En concreto, se refiere a la nota 351 al punto 305 de la exhortación, donde el Papa cita su propia exhortación apostólica Evangelii Gaudium. Allí afirma que la Eucaristía “no es un premio para los perfectos sino un generoso remedio y un alimento para los débiles”. Tal como está planteada la nota, podría haber cierta “ambigüedad”, señala Cascioli en su pregunta, sobre la relación entre la disciplina de los sacramentos y la conciencia.

Pero Granados explica que la nota “abre una cuestión general a la cual no se ofrece luego una respuesta específica. Se dice que en ciertos casos la Iglesia puede dar la ayuda de los sacramentos a quien vive en una situación de pecado objetivo, si no es subjetivamente culpable. Es una afirmación que luego no se aplica directamente al caso de los divorciados que viven en una nueva unión civil. Este caso es específico y diferente de otras situaciones objetivas de pecado, porque en él se vive en contradicción con un sacramento, como enseñó Benedicto XVI en Sacramentum Caritatis n. 29. Por consiguiente, al no especificar más, el Papa Francisco ni siquiera ha cambiado la disciplina establecida. Sería extraño que hubiese propuesto un cambio tan importante en una nota a pie de página“.

Además, “en todas las afirmaciones hay que recordar que el Papa no quiere justificar el pecado ni la situación de pecado, sino ayudar a la persona para que pueda volver a la vida plena de Jesús”. Sin olvidar tampoco que Amoris Laetitia no es una exhortación apostólica sobre el divorcio, sino sobre el matrimonio y la familia y “confirma las líneas generales de Familiaris Consortio: la visión de la persona a la luz del amor, la importancia de una cultura de la familia y el deseo de partir del Evangelio para iluminar la situación actual”.

En el vídeo, otro sacerdote del Pontificio Consejo de la Familia, el padre Santiago Martín, explica cómo entender mejor la Amoris Laetitia

 

Fuente: Religión en Libertad

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