Quién cuidará de mi hermano?

¿Quién cuidará de mi hermano?

¿QUIÉN CUIDARÁ DE MI POBRE HERMANO?

 

Puedes ser solamente una persona para el mundo,

pero para una persona tú eres el mundo.

Gabriel García Márquez-

– Yo creía, profe, que ya no quedaban colegas como Dios manda; que cada uno va a su bola y los demás que espabilen.

– Hombre, no se puede ser tan tajante. Siempre ha habido gente como Dios manda aunque, según las épocas, abunden más o menos.

– Pues, para mí, esta era una época de sequía; el mundo empieza y acaba en el ombligo de cada uno; eso creía yo, hasta que…

– ¿Hasta que…?

– Hasta que el pasado fin de semana estuve en una finca de Extremadura invitado por un amigo de clase. Era un latifundio enorme creado por su abuelo materno y un hermano soltero. Cerca de la vivienda hay un monumento con la leyenda: ¿Quién cuidará de mi pobre hermano? Pregunté a mi amigo y me contó:

         Esta finca la crearon mi abuelo y su hermano que eran personas laboriosas y honradas; pertenecían a ese tipo de personas que describe el multimillonario J.Paul Getty, refiriéndose a sí mismo: He aquí la fórmula de la fortuna: levántate muy temprano, trabaja duro, confía en ti mismo, y descubrirás petróleo.

         Dentro de aquel enorme terreno había zonas muy fértiles que producían abundante grano que los dos hermanos repartían a partes iguales.

         Mi abuelo vivía feliz con su familia y trabajó hasta que una idea empezó a intranquilizarlo:
No es justo. Mi hermano no está casado y se lleva la mitad de la cosecha, pero yo tengo mujer y cinco hijos, de modo que en mi ancianidad tendré todo cuanto necesite. ¿Quién cuidará de mi pobre hermano cuando sea viejo? Necesita ahorrar para el futuro mucho más de lo que actualmente ahorra porque su necesidad es, evidentemente, mayor que la mía.

         Entonces se levantaba de la cama y llevaba un saco de grano al granero de su hermano.

         También el hermano soltero empezó a tener sueños sobresaltados con la misma idea:
No es justo. Mi hermano tiene mujer y cinco hijos y se lleva la mitad de la cosecha, pero yo no tengo que mantener a nadie más que a mí mismo. ¿Es justo que mi pobre hermano cuya necesidad es mayor que la mía, reciba lo mismo que yo?

         Entonces se levantaba de la cama y llevaba un saco de grano al granero de su hermano.

         Y como tanto va el cántaro a la fuente hasta que se rompe, una noche coincidieron los dos hermanos con sus sacos al hombro.

         – Es que yo pensé que tú lo necesitabas más.

         – Justamente eso pensaba yo de ti.

         Soltaron los sacos, se abrazaron y no pudieron seguir hablando; cuando años después se supo el hecho, se quiso inmortalizar con este monumento.

– Admirable, Pedro.

– Así es, profe; desde aquel día me cuesta menos prestarle cosas a mi hermano.

– ¿Aunque sea la moto?

– Claro, pero siempre que ponga él la gasolina.

Fuente: Religión en Libertad

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