Una reflexión que vale la pena leer

Una reflexión que vale la pena leer

La generación que todo idealiza y nada realiza

Me tardé siete años (desde que salí de casa de mis padres) en leer la bolsa de arroz que dice cuánto tiempo debe estar en el sartén. Comí mucho arroz duro fingiendo estar “al dente”, mucho arroz batido diciendo que “fue a propósito”. En mi sartén estuvo durante todos esos años la prueba de que somos una generación que comparte sin leer, defiende sin conocer, idolatra sin motivo. Soy de la generación que sabe qué hacer, pero se equivoca por la flojera de leer el manual de instrucciones o simplemente no lo hace.

Sabemos cómo volver el mundo más justo, el planeta más sostenible, a las mujeres más representativas, el cuerpo más saludable. Hacemos cada vez menos política en la vida (y más en Facebook), llenamos Internet de selfies en escuelas y olvidamos comentar que en la última fiesta todos nuestros amigos tomaron para disfrutar mejor la noche. Al contrario de lo que defendemos compartiendo el post de la cerveza artesanal del momento, bebemos más y peor.

Entendemos que las bicicletas pueden salvar el mundo de la contaminación y nuestra rutina de estrés. Pero vamos de carro al trabajo porque sudamos, porque llueve, porque sí. Vimos todos los videos que muestran que la comida rápida acaba con nuestra salud – dicen que algunos hasta tienen gusanos. E, incluso así, llenamos las filas de la comida para llevar porque nos da flojera ir hasta la esquina y comprar pan. Somos la generación que tiene flojera hasta de sacar la mantequilla del refrigerador.

Preferimos escribir en la computadora, incluso con la letra que recuerda a las Olivetti, porque aquí es fácil de borrar. Somos una generación que se equivoca sin miedo porque cuenta con la tecla borrar, con el botón eliminar. Postear es muy fácil (y borrar también) que opinamos de todo sin el peso de gastar papel, caucho, pintura o credibilidad.

Somos aquellos que piensan que emprender es simple, que todo el mundo puede vivir de lo que ama hacer. Creemos que el éxito es fruto de las ideas, no del sudor. Somos cracks en la planeación Canvas y mediocres en perder una noche de sueño trabajando para realizarlo.

Creemos firmemente en la co-creación, en el financiamiento colectivo, en el CouchSurfing. Sabemos que existe gente bien intencionada queriendo ayudarnos a crecer en todo el mundo, pero ignoramos los consejos de nuestros padres, cerramos la ventana del carro en la cara del mendigo y nunca ofrecemos nuestro sofá que compramos por Internet para que salten los hijos de nuestros amigos.

Nos dedicamos a escribir declaraciones de amor públicas a amigos en su cumpleaños que no recordaríamos si no fuera por el aviso de la red social. No nos llamamos nunca, no nos vemos nunca, no nos abrazamos nunca. Ya no conocemos la casa del otro, los brazos del otro, tenemos pena de llorar.

Somos la generación que se muestra feliz en Instagram y suma páginas vistas en sitios sobre las frustraciones y expectativas de no saber lidiar con el tiempo, de no tener la certeza de nada. Somos aquellos que escondemos las aplicaciones sobre meditación en una carpeta porque el jefe lo que quiere es productividad.

Soy de una generación llena de ideas y de ideas que le dejará al mundo el plan perfecto de cómo debe funcionar. Pero no habrá hecho mucho porque tenía hambre y no sabía hacer arroz.

Fuente: Aleteia

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