Historia y testimonio de un sacerdote en la esclavitud americana del siglo XIX

Historia y testimonio de un sacerdote en la esclavitud americana del siglo XIX

De esclavo a sacerdote, el “buen padre Gus”

1 de abril de 1854, Brush Creek, Misuri, Estados Unidos: Peter Tolton caminaba nerviosamente mientras Martha Jane daba a luz al segundo hijo de los dos. El bebé recibió el nombre de Augustus (en honor a su tío) y, antes de cumplir el primer mes, recibió el bautizo católico en la cercana iglesia de Saint Peter’s. La señora Savilla Elliot fue la madrina de Augustus.

El bautizo de Augustus fue un poco inusual, porque la señora Elliot estaba casada con Stephen Elliot, que era nada menos que el “dueño” de la madre y del padre de Augustus. El señor y la señora Tolton eran esclavos, así que sus tres hijos, Charley, Augustus y Anne, nacieron también en la esclavitud. El negrero se aseguró de que sus esclavos eran bautizados, para que tanto su familia como sus esclavos fueran todos católicos.

Tras el comienzo de la Guerra Civil, la familia Tolton huyó en busca de la libertad. Peter se alistó en el ejército unionista y el resto de la familia se dirigió al norte. Con la ayuda de los soldados de la Unión, Martha Jane y sus hijos consiguieron llegar a Illinois, un estado “libre”, y se establecieron en la localidad de Quincy.

Martha Jane y el mayor de sus hijos, Charley, fueron contratados en una fábrica local de tabaco para hacer puros. Mientras tanto, Augustus, a la edad de ocho o nueve años y encargado del cuidado de su hermana pequeña, empezó a pasar mucho tiempo en la calle de la Iglesia de Saint Peter’s. El pastor se llamaba McGirr.

El padre McGirr se percató de la frecuente presencia de Augustus y su hermana, así que se acercó a hablar con el chico. Se presentó y, ante la mirada de un temeroso Augustus, le preguntó si le gustaría ir a la escuela. A Augustus le entusiasmó la idea.

La mayoría de los parroquianos no querían que un niño negro estudiara junto a sus hijos blancos. El padre McGirr se mantuvo firme en su decisión e insistió en que el chico estudiara en St. Peter’s. A Martha Jane le impresionó que a su hijo le hubieran ofrecido semejante oportunidad y accedió a que asistiera a las clases. El camino de la vida de Augustus Tolton se acababa de abrir ante él, aunque aún no se diera cuenta.

El chico recibió su primera comunión, se convirtió en monaguillo de la iglesia y demostró ser un estudiante brillante. Entrada la década de 1870, cuando los prejuicios contra los negros eran todavía algo de sentido común, el padre McGirr intentó nada menos que matricular a Augustus en un seminario para que pudiera estudiar para el sacerdocio. El joven negro fue rechazado en todos los seminarios estadounidenses en los que solicitó su ingreso.

Pero el tenaz y resuelto padre McGirr nunca se rindió. Ambos continuaron rezando e intentándolo hasta que, finalmente, el padre McGirr logró la admisión de Augustus en la Universidad St. Francis Solanus, allí mismo en Quincy. Después de graduarse, Augustus fue aceptado en la Pontificia Universidad Urbaniana de Roma. En 1886, con 32 años, Augustus Tolton se ordenó sacerdote en Roma.

Los periódicos de todo el país recogieron la historia de un antiguo esclavo que ahora se había ordenado sacerdote católico. Cuando el padre Tolton regresó a Quincy, se le recibió como a un héroe. Con la música de una banda y con los cantos de espirituales negros, miles de personas, blancas y negras, colmaron las calles cogidos de la mano, todos cantando mientras confiaban en ver aunque, sólo fuera un instante, al antiguo niño esclavo que se había convertido en sacerdote católico.

El padre Tolton avanzó por la avenida vestido con su sotana y su bonete. Cuando llegó a la Iglesia de St. Boniface, cientos de personas se agolparon dentro esperando a recibir su bendición. La primera de todas las bendiciones fue para el padre McGirr, que aún permanecía a su lado. Al día siguiente el padre Tolton celebró su primera misa, con miles de personas a las puertas de la iglesia, puesto que ya no quedaba más espacio dentro.

Años más tarde, en julio de 1897, un caluroso día de 40 grados, el padre Tolton regresaba de un retiro en Bourbonnais, Illinois. Ya llevaba un tiempo enfermo, pero no se lo había dicho a nadie. Se desmayó al bajar del tren a causa de una insolación. Una vez en el hospital, falleció unas horas más tarde. Tenía sólo 43 años. Su comunidad estaba conmocionada. Habían perdido a su querido amigo. Good Father Gus, el buen Padre Gus, como le llamaban cariñosamente sus parroquianos, fue enterrado en el Cementerio de St. Mary’s, cercano a Quincy.

El padre Augustus Tolton fue declarado Siervo de Dios el 24 de febrero de 2011, iniciando así el camino del sacerdote hacia su canonización.

 

Fuente: Aleteia

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