Y entonces ¿qué significa que los números 1:33 se me aparezcan continuamente en mi vida?

Y entonces ¿qué significa que los números 1:33 se me aparezcan continuamente en mi vida?

Dicen que las coincidencias no existen…

1:33

Había apenas programado el microondas para un minuto y 33 segundos por enésima vez. Era de mañana y estaba trabajando. Los pasillos eran silenciosos y yo era el único presente.

Mientras esperaba que mi sopa estuviera lista, de repente me quedé bloqueado. Desde que era niño, siempre había programado el microondas introduciendo ese lapso de tiempo cuando calentaba mi sopa o cualquier otro cereal.

Parecía una de esas prácticas al azar que se llevan a cabo sin ninguna razón pero luego se vuelven inmutables como las acciones obligatorias del día.

Pero mientras estaba ahí me vinieron a la mente estas palabras: “Recuerda siempre en primer lugar que morí por ti a los 33 años”.

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Era el 2011. Salí a correr una mañana para entrenarme de cara al Louisville Ironman que se llevaría a cabo en menos de tres meses, pero esta vez tenía un objetivo profundamente personal.

Como expliqué en mi libro Into the Rising Sun, era el aniversario de un terrible incidente acaecido el día del padre que comenzó como una actividad familiar divertida al lado del río.

Menos de 24 horas más tarde, nuestra hija de 4 años, Emma, obtenía lo que cualquier niño quiere el día de su cumpleaños: una craneotomía completa de emergencia con 7 nuevas placas de titanio en la frente.

Un año más tarde, su recuperación fue milagrosa; había planeado la tarde anterior bajar en bicicleta hasta el río para festejar esta espléndida realidad, pero esa mañana inexplicablemente me fui por el norte mientras el sol salía sobre el horizonte.

Mientras me acercaba a un pequeño puente aparecieron tres venados, y unos segundos más tarde uno de ellos saltó contra un coche. El coche lo golpeó y el venado voló por los aires, dejándome una única opción: intentar evitarlo pedaleando rápido.

Me pasó por encima, aterrizando de un porrazo en el puente, y se volvió otro detalle de una historia que sabía que contaría.

14 meses antes, el Viernes Santo había cumplido 33 años. Ahora estaba frente a un sacrificio que había pasado sobre mí precisamente un año después que mi hija se salvara.

Más o menos un año antes, un día estaba haciendo jogging tras una ligera nevada de la tarde anterior. Un coche se acercó y comenzó a bajar la velocidad, otro conductor intentó rebasarlo velozmente por la derecha sin verme.

Al darse cuenta que no le daría tiempo de frenar, el conductor desistió y terminó en el patio de una casa vecina. Fue una situación sorprendente, en la que no me había encontrado antes y espero que no se vuelva a repetir.

Tiempo más tarde, mi hermana y mi cuñado decidieron volver a Evansville después que su familia se ampliara.

Estábamos emocionados por el hecho de tenerlos cerca, y mientras se intensificaba la búsqueda de la casa encontraron repetinamente una en venta a menos de tres millas de la nuestra.

La venta se llevó a cabo a principios de enero de este año, y la casa recibió al menos 40 ofertas, pero al final de la mañana era de ellos.

Recientemente recibieron a su cuarto hijo, Leo, en su nueva casa. A pesar de la casa no me era muy familiar, conocía bien el patio de enfrente, aunque esa vez no habían coches que dejaran huellas de neumáticos en la nieve.

Algunos meses después de cambiarse, me vino a la mente algo. Me pregunté a cuántas millas estaba su casa del pequeño puente del venado. La respuesta no me sorprendió.

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La mañana en que fue escrito este artículo debía encontrarme con un amigo para ir a correr, pero a las 6.30 sonó el teléfono y fue evidente que no estaba entusiasmado con la idea de salir en un día frío y con viento. Me fui solo.

Una hora después pasé frente a la iglesia de san Felipe mientras iba a visitar a mis suegros, donde Amy y los niños llegarían pronto.

Me vino en mente una idea: “pon 1:33 en Google y ve qué sale primero”. Y así lo hice. Proverbios 1,33: “Pero el que me escucha vivirá seguro, tranquilo, sin temor a la desgracia”.

Jim Schroeder es un psicólogo pediátrico casado y padre de seis hijos. Escribe una contribución mensual llamada Just Thinking en www.stmarys.org/articles. Es autor de Wholiness: The Unified Pursuit of Health, Harmony, Happiness, and Heaven, Into the Rising Sun e Forty Days of Hopeful Prayer.

 

Fuente: Aleteia

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