5 maneras como Jesús aceptaba al inconveniente, al incongruente y al molesto

5 maneras como Jesús aceptaba al inconveniente, al incongruente y al molesto

Cómo lidiar con las personas difíciles

¿Cómo deberíamos tratar a las personas con un carácter difícil?

Algunas personas en nuestra vida pueden ser de trato complicado simplemente porque nos plantean un reto. O tal vez sean difíciles porque son diferentes. Quizás resulten complicadas porque vivimos con ellas (y la convivencia cercana amplifica las rarezas). Puede que resulte difícil porque nosotros somos complicados y hay algo en nosotros que les irrita.

Bueno, o de verdad son difíciles.

Sea cual sea el caso, si crecemos en santidad podemos aprender a aceptar los inconvenientes, las incongruencias y los fastidios (de la gente y de los acontecimientos) de nuestra vida y verlos no como molestias necesarias, sino como regalos de la vida.

La escritora católica estadounidense Heather King escribe:

Cuando estamos abiertos y receptivos a todo lo que el mundo tiene que ofrecernos, y el mundo entero nos instruye, entonces todo a nuestro alrededor se ilumina desde dentro.

Es entonces cuando vemos que todo está, o puede estar, conectado con nuestra búsqueda de la belleza y el orden. Todo “encaja”: viejas muñecas, diarios ruinosos, botones descartados. Las personas difíciles.

Conseguir ver a las personas difíciles de una forma tan positiva puede parecer pedir mucho. Pero podemos empezar por aprender a tratar a los demás de una forma parecida a como lo hizo Cristo.

Las escrituras nos enseñan algunas de las maneras que Jesús tenía de tratar a las personas difíciles:

  1. Jesús hace preguntas: En el Capítulo 2 de Lucas, le piden a Jesús que resuelva una disputa familiar y él básicamente responde, “¿Es que soy vuestra niñera?” (lo sé, es una traducción muy libre). Es interesante destacar que Jesús hace muchas preguntas en las Escrituras. Las preguntas de Jesús a veces eran retóricas, o desafiantes, y otras veces también esperaba respuestas y opiniones. Al hacer preguntas, Jesús enfatiza su actitud abierta hacia su interlocutor.

Es curioso, pero los humanos no solemos hacer muchas preguntas. Damos por sentado, sentamos cátedra, damos lecciones, observamos, interrumpimos y juzgamos. Pero rara vez damos importancia a hacer preguntas al otro. Jesús, al hacer preguntas frecuentemente, creo que estaba modelando el comportamiento de un buen comunicador, uno que muestra el suficiente interés por la otra persona como para entablar conversación y estimularla. Incluso, y quizás sobre todo, cuando son personas de difícil trato.

  1. Jesús nunca se siente arrinconado: En el Capítulo 6 de Lucas, Jesús está dando un paseo de sabbat con sus discípulos cuando aparecen los fariseos, como salidos de la nada, y le acusan de quebrantar el sabbat porque ha recogido grano. Jesús no se altera. Nunca se asusta de las personas que intentan ponerle la zancadilla o que piensan lo peor de él, porque él no se centra en lo que piensan los demás.

Hay ocasiones en las que hay gente que nos arrincona con sus presunciones y críticas y eso puede hacernos dudar de si la forma en que nos ven es más objetiva que la percepción que tenemos de nosotros mismos. Es duro cuando los demás nos malinterpretan o no se esfuerzan en conocernos antes de juzgarnos. Sin embargo, tal y como hacía Jesús, no tenemos que sentirnos definidos por las proyecciones de nosotros que tengan los demás. Nuestra identidad habita en Dios y en Él debemos buscarla, no en lo que otras personas intenten imponernos.

  1. Jesús sabe cuándo ignorar: ¿Recuerdas aquella vez cuando Jesús enojó a todos los antiguos vecinos y amigos de su ciudad natal, Nazaret? Se pusieron tan histéricos que decidieron tirarle por un precipicio. Jesús, al ver que no cabía razonamiento con estas personas, ignoró su odio, “pasó por en medio de ellos y se fue” (Lucas 4).

Algunas veces a las personas difíciles les dan berrinches, hablan con dureza o abusan de nosotros (unas maneras muy comunes en internet, por cierto). Es el momento de desconectar y marcharse. Jesús sabía mantener a raya su presión sanguínea y no desviar los ojos de su objetivo. Por supuesto, si tenemos que hablar las cosas claras con alguien en persona, una buena discusión cara a cara puede ayudar. Pero mejor cuando se templen los ánimos.

  1. Jesús no se pone a la defensiva: En el Capítulo 10 de Marcos, Santiago y Juan le dicen a Jesús: “Queremos que nos hagas el favor que vamos a pedirte”. Vaya. ¡En cuanto uno da la mano ya quieren agarrarte el brazo entero! Pero Jesús es independiente, así que los favores que le piden los demás y los abusos de confianza no suponen una amenaza para él. Sabe cuándo decir que no, cuándo decir que sí y no se mortifica cuando no hace felices a los demás.

En ocasiones las personas pueden llegar a pedir de nosotros más de lo que podemos darles. Puede que intenten persuadirnos haciéndonos sentir culpables y, antes de que nos demos cuenta, estaremos doblando el espinazo tratando de satisfacer a un caprichoso o a un mandón (¡y mandar es un vicio difícil de satisfacer!). Pero Jesús no intenta agradar a la gente. Jesús no necesita protegerse de los demás; la voluntad de Dios es suficiente seguridad. Este es el origen de su defensa.

  1. Jesús es flexible: En Mateo 15, una mujer cananea pide a Jesús que cure a su hija y él se niega. Pero luego se conmueve por la respuesta de la mujer, que demuestra tener una gran fe, y decide sanar a su hija. Jesús se acerca a los demás con una mente abierta. Incluso cuando tiene ideas preconcebidas, permite que el Espíritu Santo le guíe aunque sea contra sus instintos.

Cuando una persona difícil se nos acerca, se nos puede pasar por la cabeza ‘Estupendo, volvemos a empezar’, o ‘Ya me sé esta cantinela’, pero Jesús mantiene una mente abierta cuando los demás se le acercan. Porque nunca se sabe.

Es posible que el Espíritu Santo te guíe, o guíe a alguien normalmente de carácter complejo, y que actuéis de forma diferente, inesperada. El estar próximos a los demás nos acerca también al Espíritu Santo, que trabaja dentro de nosotros y de las otras personas.

Jesús, ayúdame a verte en todo el mundo, incluso en las personas que me suponen un desafío. Ilumíname con tu refulgente amor para que pueda verte incluso en las personas más difíciles. Todo ser humano está hecho a semejanza tuya. Ayúdame a reconocerte y a amarte en ellos.

 

Por Theresa Aletheia Noble, FSP, autora de The Prodigal You Love: Inviting Loved Ones Back to the Church. Recientemente hizo su profesión de votos con las Hijas de San Pablo. Su blog: Pursued by Truth.

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