¿Capitalismo o socialismo? La solución a una pelea interminable¿Capitalismo o socialismo?

Ninguna de las dos ideologías, por si sola, resuelve el problema central de la exclusión humana

Al principio del film “Braveheart”, Mel Gibson dice que “la historia está escrita por los que ahorcaron a los hérores”. Will Durant, en el primero de los 11 volúmenes de su “Story of Civilization” [Historia de la Civilización], observa que “la mayor parte de la historia es adivinación y el resto es prejuicio”. El escritor Mark Twain se une a esta visión, diciendo que “la propia tinta con que toda la historia está escrita es puro prejuicio líquido”. Y Voltaire declaraba que los historiadores eran sólo “chismosos que provocan a los muertos”.

Todos nosotros ya hemos oído decir que “la historia la escriben los vencedores” y desconfiamos (o deberíamos desconfiar) de que los vencedores cuenten su propia versión de los hechos.

Lo que no siempre admitimos es que esto no es distinto cuando se narra la historia del capitalismo y del socialismo.

 

Comencemos por el relato que el capitalismo contaría sobre sí mismo:

“El capitalismo es el héroe de la civilización. Es la mejor teoría económica jamás inventada, responsable de la era de la tecnología y de un grado sin precedentes de bienestar, libertad y confort. El capitalismo hizo la vida mejor en todas partes. Mientras tanto, apareció un propagandista radical llamado Karl Marx. Él era un idealista utópico, sembrador de discordia, que intentaba acabar con la propiedad privada por medio del control estatal de los medios de producción. Felizmente, Marx fue derrotado por su propio éxito: las naciones que acogieron su ideología se convirtieron en ejemplos espantosos de fracaso para el resto del mundo, probando, de una vez por todas, que el capitalismo es El Camino”.

En la vida real, si el capitalismo no dejara a mucha gente gravemente insatisfecha en condiciones inhumanas de supervivencia, las ideas socialistas no habrían germinado. Nadie lucharía honestamente contra la propiedad privada excepto cuando ya no poseyera propiedad alguna. El capitalismo trajo muchos progresos, pero al mismo tiempo, condenó a la mayor parte da humanidad al papel de empleados por cuatro monedas.

La denuncia de Karl Marx, por tanto, tenía sentido y se hacía eco de la experiencia real de buena parte de la población que no recibía los frutos de su trabajo. Este escenario sigue existiendo. El mal obvio del capitalismo, que es la alienación de la propiedad, necesita cura. Pero, la cura propuesta por Marx es aún peor que la enfermedad.

Esto fue lo que el papa León XIII observó.

En mayo de 1891, publicó la histórica encíclica “Rerum Novarum”, condenando firmemente tanto el capitalismo como el socialismo y procurando lanzar luz sobre los errores que ambos cometían respecto a la idea de propiedad privada.

Primero, el papa observó las tristes condiciones causadas por el capitalismo desenfrenado:

“La contratación de mano de obra y la conducción del comercio están concentradas en manos de relativamente pocos; de este modo, un número pequeño de hombres muy ricos puede imponer a las masas de trabajadores pobres un yugo que es poco mejor que la propia esclavitud “.

A continuación, rechazaba también la solución marxista:

“Para remediar esos errores, los socialistas explotan la envidia que el pobre tiene del rico y se esfuerzan por acabar con la propiedad privada, afirmando que las posesiones individuales deben volverse propiedad común de todos. Pero sus afirmaciones son tan claramente impotentes para acabar con la controversia que, con ellas, el trabajador sería el primero en sufrir”.

¿Por qué? Porque el capitalismo había concentrado la riqueza en grado extremo. El socialismo completaría el desastre, transfiriendo la propiedad, ya concentrada, a un único “dueño”: el Estado

León XIII argumentó en una dirección opuesta a ambos: en la dirección de la propiedad real para el trabajador y su familia:

“La propiedad privada debe ser considerada sagrada e inviolable. La ley, por tanto, debe favorecer la propiedad y adoptar como política el llevar al mayor número posible de personas a que se conviertan en propietarias “.

Hoy, la concentración de la propiedad fuera de las manos de las familias es un peligro más claramente percibido, así como la constatación de que el capitalismo provoca exactamente el mismo problema. Aún así sigue habiendo gran polarización entre ambas ideologías, con una cerrando los ojos a lo que pueda haber de bueno de la otra y lo que hay de malo en ella misma.

El papa Francisco, siguiendo la perspectiva de León XIII y de los demás pontífices que le han sucedido, vuelve a proponer que el centro del diálogo social sea ocupado por la dignidad de la persona humana. En medio de la pelea tantas veces rencorosa entre ambas teorías, es siempre la dignidad de la persona humana la que acaba siendo atropellada en la práctica.

(A partir de textos de Daniel Schwindt)

 

Fuente: Aleteia

Puedes compartir en las redes.Share on Facebook
Facebook
Share on Google+
Google+
Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on LinkedIn
Linkedin